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La sexualidad, algunas veces, es abordada como un asunto de tabú, de puerta cerrada o tema de alcoba. Por eso se hace difícil, para algunas personas, identificar y reconocer cuando su desempeño sexual se estanca o afecta su salud. Cuando nos aproximamos a la naturaleza sexual del hombre debemos hacerlo con madurez y respeto. Sin embargo, a veces por ignorancia o por desinformación, caemos en hábitos sexuales inadecuados que afectan notablemente nuestra relación con el mundo, con nosotros mismos y con nuestras parejas.

En los últimos años hemos sido testigos de lo mucho que se habla en libros, en los medios de comunicación y en los recintos médicos sobre de la impotencia sexual y caemos en cuenta de lo poco que sabemos sobre este tema. Primeramente, debemos comprender que la impotencia sexual y la disfunción eréctil no son disfunciones aisladas, son lo mismo. Seguidamente, debemos determinar que la impotencia sexual es un trastorno de la función sexual masculina y se reconoce cuando dificultad para conseguir o mantener una erección del pene apropiada (en términos de duración y/o consistencia) hasta el final de la relación sexual. Esta alteración en la función en los órganos sexuales es motivo frecuente de consulta médica o psicológica, y afecta tanto a hombres como a  sus parejas. La raíz de este problema se deriva de distintos factores que vamos a examinar con profundidad en este texto.

La impotencia sexual puede deberse a factores biológicos u orgánicos (enfermedades), factores toxicológicos (medicamentos u otras sustancias) o factores psicológicos (aprendizaje, pensamientos, aproximación cultural a la sexualidad, experiencias sexuales previas). Por lo anterior, es importante que el tratamiento tenga un enfoque biopsicológico. En algunas ocasiones se ha evidenciado que el hombre que experimenta impotencia sexual es el resultado a respuestas socioculturales o patrones de comportamiento adoptados, es decir, ‘de acuerdo a mi cultura o a mis creencias el sexo se vive y se debe vivir de cierta manera’. Este sesgo en la sexualidad del individuo puede influir en su desenvolvimiento sexual.

Debemos ver al ser humano como un todo; las patologías no devienen solo de condiciones físicas sino de un sinnúmero de factores sociales, culturales y económicos. Ahora bien, aunque debemos tener una comprensión integral de la disfunción eréctil, es importante tener un orden particular. La erección del pene es una función del cuerpo de los hombres, por lo tanto, de poca utilidad será si se realiza únicamente un tratamiento psicológico, cuando de base el organismo no está funcionando correctamente. Es por ello que primero debe hacerse una evaluación médica pertinente que pueda revisar qué tipo de áreas o de alteraciones se están presentando y determinar qué es lo que desencadena los problemas de erección. Al respecto, dentro de las causas vasculares, las más frecuentes son:

  • Hipertensión: No tanto por la enfermedad en sí sino por el tratamiento con fármacos.
  • Diabetes: A largo plazo, una diabetes mal controlada causa afectaciones en los vasos sanguíneos periféricos.
  • Arterioesclerosis: Modificaciones en las paredes de las arterias por pequeñas que sean pueden afectar notablemente la irrigación de sangre.

A lo anterior, se pueden sumar problemas de estrés o fatiga, problemas endocrinos (poca testosterona) o problemas neurológicos como lesiones medulares, traumatismos o accidentes cerebrovasuclares (ACV).

Ahora bien, con respecto a la parte psicológica, nos encontramos frente a diferentes elementos. Por un lado, tomemos el cómo comprendemos la sexualidad propia y la de la pareja. Como se mencionó al inicio del texto, es posible que desde lo cultural o por el sistema de creencias al que pertenecemos, inconscientemente enviemos limitantes en la actividad sexual a nuestro cerebro, lo que impide la relación sexual satisfactoria. Es decir, al juzgarnos o juzgar a nuestra pareja de acuerdo a unos preceptos o errores que tenemos sobre la sexualidad y cómo debe ser. Por ejemplo, hay parejas quienes no consideran la estimulación sexual como una actividad sana y normal. O parejas que sentencian o critican a sus compañeros (as) cuando éste (a) quiere variar una posición.

Otro de los elementos psicoafectivos que nos limitan, a la hora de nuestra creatividad sexual, puede ser nuestra relación de pareja y las reflexiones que devienen con ella ¿Hay buena comunicación entre ambos? ¿Hay un vínculo afectivo adecuado entre ambos? ¿Es una relación sana? O al contrario ¿Hay problemas con mi pareja? ¿En el fondo no quiero tener relaciones sexuales con mi pareja? ¿La actividad sexual se ha convertido en un juego de obligación y cumplir? Este tipo de cuestionamientos son importantes para evaluar la pareja independientemente del rol sexual y puede ser un factor clave para indisponer al cuerpo a tener una relación sexual satisfactoria. En este punto de la comunicación también es importante la honestidad y evitar el aislamiento; mientras haya una relación madura y enriquecedora se puede exponer el tema para hallar apoyo en el otro. Si no se conversa en la intimidad sobre este tema es posible que las parejas de las personas con disfunción eréctil tiendan a tener pensamientos que carecen de certeza, por ejemplo: “no responde porque ya no le gusto” o “viene cansado de estar con otras mujeres y por eso no funciona conmigo” El no tener claridad con la pareja sobre lo que está ocurriendo (puede ser por pena o timidez) intensificará los sentimientos de culpa y será contraproducente para la persona con problemas de erección. Es muy importante evitar hacer este tipo de reclamaciones o afirmaciones. Una buena comunicación en la que se evalúan las condiciones del otro, se comprende y en la que se respeta y valora la honestidad es esencial para este tipo de patologías. Presionar a la persona con que “cumpla” paulatinamente arruinará el progreso de la relación.

Asimismo, es importante no atiborrarse con pensamientos negativos que finalmente tensionan y arruinan el momento del disfrute sexual. Pensamientos como: “ya estamos en el juego previo, más vale tener una erección”, “no voy a satisfacerla”, “voy a dejarla iniciada”, “qué vergüenza, otra vez” pondrán en jaque la capacidad para obtener una erección satisfactoriamente. Piense en esto: cada vez que usted trata de controlar algo tiende a caer en la (PRE)ocupación y ésta, a su vez, detiene el proceso natural de la situación. Es decir,  la cuestión es que al intentar “controlar” la situación con este tipo de preocupaciones lo único que se está consiguiendo es desmejorar su condición mental para proceder con espontaneidad y naturalidad. De hecho, este tipo de ideas puede llevar en última instancia a otro problema que es la disminución del deseo o apetito sexual, que finalmente es cuando el hombre ya no desea tener sexo pues ya sabe que cada intento tiene un final desagradable.

¿Qué puede hacerse?

Lo primero es tener claro que una relación sexual es finalmente una construcción en pareja  y, como lo manifestamos previamente, es bueno conversarlo para encontrar juntos una solución adecuada. Además, al charlarlo con su compañera(o) se puede reducir la presión y la ansiedad de “tener que responder bien” o “hacerlo por cumplir”. Es muy importante hacer una evaluación personal antes de pensar en un problema exclusivamente genital.

Se recomienda una valoración médica, ya que resulta ser de gran provecho, con el fin de hacer un adecuado manejo de los factores biológicos que deban ser ajustados. Adicionalmente, es bueno hacer un análisis sobre el estilo de vida –el cual puede tener un fuerte impacto en la erección– y poner en evidencia actividades que perjudican notablemente la calidad del desarrollo sexual, como por ejemplo el tabaquismo y el sedentarismo (Hatzimouratidis, Eardley, Giuliano, Moncada y Salonia, 2015).

En la antigüedad en culturas asiáticas el trastorno de la función sexual masculina era tratado únicamente a través de ejercicios, irrigaciones colónicas (mantener el cuerpo en movimiento para que elimine toxinas) y ayunos terapéuticos que incluían ingesta de: zumos de zanahoria, remolacha, pepino, vegetales crudos, alimentos ricos en potasio, semillas de calabaza, aceites de germen de trigo, Lecitina, polen de abejas y proteínas puras (Reid, 2014).

El tratamiento farmacológico (Citrato de sildenafil o Viagra®) es otra opción que ha mostrado muy buenos resultados en los hombres. No obstante, no aconsejamos tomar este tipo de químicos sin la supervisión de un profesional médico. Estas pastillas generan cambios muy intensos en todo el Sistema Circulatorio –de ahí que muchos hombres reportan efectos incómodos como calor excesivo, cefalea, enrojecimiento en rostro y ojos, taquicardia y sudoración– y por lo tanto debe ser administrado con cautela y responsabilidad, pues por la intensión de pasar un momento placentero se puede poner en riesgo la salud e incluso la vida.

El tratamiento psicológico también es una opción efectiva que implica un proceso riguroso de evaluación y de tratamiento. Este último, incluirá diferentes técnicas y procedimientos que corresponden a cada profesional pero que finalmente comprenderá un factor clave: encontrar sosiego, relajación y equilibrio.

Como se ha mencionado antes, la presión de responder bien y de pensar en tener una erección finalmente distraerá de todo el abanico de posibilidades que tiene una relación sexual. Relájese y disfrute de su pareja. En el momento de focalizarse en sensaciones (caricias, aromas, sonidos, sabores) la erección, como proceso natural, aparecerá. Es posible que este proceso tome un tiempo, pero es solo cuestión de conocer y disminuir la importancia de sus pensamientos, pero también de su cuerpo y de sus gustos. Paulatinamente, aumente la intensidad de los estímulos que le producen placer, con el fin de que las erecciones desaparezcan pero que cada vez aparezcan con más facilidad.

Recuerde que no está solo. Confíe a su pareja y médicos, de diferente especialidad como psicólogos y sexólogos, planteando sus dudas, sus síntomas y sus reflexiones sobre este tema. Callar la impotencia sexual es poner en riesgo no solo su salud física sino también su satisfacción emocional y sexual. Quienes trabajamos en la salud estamos siempre dispuestos a escuchar y ayudar para favorecer el bienestar y la calidad de vida los consultantes.

Referencias:

Hatzimouratidis, K., Eardley, I., Giuliano, F., Moncada, I y Salonia, A. (2015). Guidelines in Male Sexual Dysfunction: Erectile dysfunction and premature ejaculation. Recuperado de: http://uroweb.org/wp-content/uploads/14-Male-Sexual-Dysfunction_LR1.pdf

Reid, D. (2014). El Tao de la salud, el sexo y la larga vida. Un enfoque práctico y moderno de la antigua sabiduría. Barcelona: Ediciones Urano.

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